noviembre 2014

Moscú, Rusia. 11:35 de la noche. Ubicación: B2 Bar. El frío acedia la noche, unos cuantos tragos de whisky ayudan a hacer más llevadero el juego de pool que disfruto tanto como disfrutaría una vaca en el punto penal de una cancha sintética.

Miro alrededor en busca de las famosas rusas rubias y hermosas, que suelen robarme minutos enteros imaginándolas en mi habitación cuando las veo en televisión, pero creo que aquí en los billares mi misión no será completada, no las voy a encontrar. Con la imaginación activada y con ganas de darle calor a la noche, subo las escaleras con un vaso de whisky sin hielo en mi mano derecha, para llegar al tercer piso donde está el disco-bar, donde suena un poco de electrónica y la temperatura se siente un poco más “amañadora” pues veo una cantidad considerable de personas, de las cuales aproximadamente un 53.75% son mujeres, hermosas y con un estilo nunca antes visto por mis ojos, anonadados con tanta belleza, pero así como eran de increíbles, las sentía inalcanzables. No sé a qué diablos se va uno a Rusia si no tiene ni idea de cómo conversar en ruso –estoy jodido–, pero un maestro debe ser recursivo.

Mientras pasaba la mirada al mismo tiempo que caminaba por el lugar observaba. Mucha sensualidad en un solo sitio, pero todas estaban ocupadas – y cuando digo ocupadas, es que andaban con algún tipo, y un maestro evita  tener que lastimar a alguien  – buscaría una que estuviera sola.

Me senté en la barra y pedí otro vaso de whisky para pensar qué hacer cuando encontrara a la rusa afortunada que tuviese el privilegio de pasar una noche conmigo. Pero no tuve mucho tiempo para pensar, a tres puestos a mi izquierda se sentó una chica blanca, de pelo corto y negro, que no es el prototipo rubio y estilo miss universo con el que casi todos alguna vez fantaseamos, pero era perfecta para mí. No quise espantarla, sabía que debía haber más de uno pensando en lo mismo que yo. Así que debía pensar  diferente.

Mientras trataba de pensar diferente, ella pidió un Martini con 4 aceitunas y en el momento que el barman le sirvió el coctel, ella comió las aceitunas y seguidamente bebió cual si fuese jugo de naranja los 85 mililitros de ginebra y Vermú Seco, pude ver que estaba un poco estresada.

Un tipo alto, rubio, acuerpado y sin ningún escrúpulo se acercó a  ella queriendo coquetearle, aparentemente – sentí que estaba perdido el juego – pero me sentí victorioso de ver que el tipo la había incomodado  y con unas cuantas palabras que dijo, que por supuesto no entendí – pero su actitud lo decía todo – supe que tenía ahí mi oportunidad para ganar o perder.

El tipo al parecer se estaba poniendo un poco “intenso” y ella expresaba mucha incomodidad, inmediatamente me pare de mi silla y  fuí hacia ella, con miedo pero con la seguridad de que una sola palabra bastaría para ganar, y le dije “Hola” en ruso – fue una de las cuantas palabras que aprendí – la halé de la mano y le dí un abrazo y un beso en su mejilla derecha, 2,5 cm al lado de su labio. El tipo vio la acción, desistió y se fue. Ella me miró muy confundida e incluso con un poco de rabia, pero en el fondo me agradecía lo que acababa de hacer, pronunció unas cuantas palabras en ruso y moviendo mis manos hacia los lados le di a entender que no hablaba ruso. En ese momento escucho las angelicales palabras con las que me dijo: -Do you speak english? Con enorme satisfacción y el ánimo reconfortado le respondí con un contundente “Yes”.

El camarero se acercó, preguntó si queríamos tomar algo más – él también hablaba inglés -, le pedí un Martini con 4 aceitunas – a lo que ella respondió con una sensual sonrisa – y un nuevo vaso de whisky, que terminaron por alargar esta noche que terminó como lo había planeado, a pesar de que no esperaba que así sucediera. Una hermosa chica y yo, con el nivel apropiado de alcohol en la sangre y con una invitación por parte de ella a conocer su apartamento.

Luego de que llegamos, lo que sucedió ya deben haberlo visto varias veces en videos de internet.

Es importante saber que el 70% de lo que decimos no son palabras, y en un momento en el que no tienes como comunicarte debes aprender a escuchar sus gestos y  entender cada uno de sus movimientos, así, a pesar de hablar otro idioma, las miradas, las manos, la postura  y cientos de cosas más te dirán si vas por buen camino, eso sí, hay que procurar que el 30% que nos queda en palabras, sea productivo y no termines diciendo alguna estupidez que arruine el momento.

El Maestro Mystic se ha comunicado.