enero 2015

Estamos en temporada de ingreso a la universidad y aprovecho para contarles una experiencia que tuve en el año 2013, en quinto semestre de Publicidad.

En ese entonces era un muchacho tímido, vivía inseguro por mi aspecto físico y mi última relación había terminado de la peor manera posible… sí, con cachos. Adriana me había cambiado por su exnovio, un tipo de plata y con el abdomen de Cristiano Ronaldo, pero hoy no vengo a contarles sobre ella, vengo a contarles de la protagonista de ésta historia, Daniela.

Era el primer día de clases y estaba en el comedor con Oscar, Felipe y Tanga, amigos desde el primer semestre y rivales en FIFA, estábamos cuadrando el próximo partido. De repente una niña preciosa se me acercó. No fue a Oscar, ni a Felipe, tampoco a Tangarife, fue directo hacia mí con una sonrisa de comercial de crema dental.

Voy a detenerme un momento para describir a Daniela. No era alta, aproximadamente 1,60 metros. Tez blanca como la nieve, figura esbelta, cabello largo y negro, uñas arregladas (debo admitir que es uno de los puntos que más detallo en una mujer) y con 2 hoyitos en las mejillas que se marcaban cuando sonreía. Llevaba poco maquillaje pero estaba perfecta.

¿Dije que era tímido? Bueno, aquí me quedé petrificado. Continuando en la sonrisa, me preguntó si sabía dónde quedaba la facultad de humanidades y me empezaron a temblar las manos. Le indiqué que en el último bloque a la derecha mientras sentía que la cara se me iba a quemar. Mis amigos empezaron a morirse de la risa y Oscar me dijo “Parce, ¿dónde le quedó la caballerosidad? Acompáñela, pendejo”. Acto seguido me levanté y la acompañé mientras miraba hacia atrás, ellos me hacían toda clase de payasadas vulgares mientras me alejaba.

– Es aquí – le dije, me miró con la cara menos esperada, esa cara de inocente picardía que te derrite por dentro. – Muchas gracias. Un gusto, Daniela – subió las escaleras y me devolvió una última mirada. Sentí tocar el cielo con las manos.

No la volví a ver hasta 2 semanas después en un bar que quedaba justo al frente de la universidad. Esta vez estaba acompañada de sus nuevas amigas, me hizo una seña y fui a saludarla. Como era tarde, estaba un poco tomada. Me abrazó y después de charlar un rato me dijo que la acompañara al carro que se le había quedado el bolso y no tenía para pagar. El parqueadero era un lugar apartado del bar y no había nadie cuidando, cuando estábamos llegando al carro se resbaló junto antes de abrir la puerta y me pidió que la ayudara, tomé las llaves.

– Está en la parte de atrás, yo meto el bolso debajo del asiento del conductor para evitar que me roben– me dijo, abrí la puerta de atrás y me quitó de un empujón. Pensé que se había enojado por algo que había hecho pero de repente se desplomó en la silla, no lo había mencionado hasta ahora pero traía un vestido corto muy ceñido al cuerpo que le quedaba delicioso. Me puse de mil colores y entonces me estiró el brazo para que me tumbara encima… o sea, yo era tímido, inseguro y ahora la chica más mamacita que había conocido pocos días atrás me estaba invitando a tumbarme encima de ella.

La miré a los ojos, le brillaban como cuando un niño quiere un juguete y lo tiene justo en frente suyo. Puso sus labios sobre los míos y empezó a besarme como si no hubiera un mañana, me agarró de la camisa volándome 2 botones y me preguntó si traía protección, me apuré a ponerme condón – Tranquilo, tenemos tiempo. Aquí no viene nadie a esta hora, además me gustaría ayudarte – me relajé un poco y luego de ese momento, me tumbé encima de ella nuevamente. Sus gemidos me encendieron, para entonces ya no era yo. Me convertí del chico tímido al amante sediento de placer que hace mucho tiempo no sentía dentro de mí, ella había sido el detonante para despertar ese lado salvaje y estaba dispuesto a dejarlo todo en la silla de ese carro.

Decidí empezar a besarla en todo su cuerpo, levanté su vestido con mucha delicadeza a lo que respondía arqueando su espalda. Desabroché su brasier y empecé a besarle el cuello mientras su piel me pedía que continuara. Bajé besándole el busto y luego su vientre, estaba ardiendo del deseo. Empecé a jugar con mi lengua por sus piernas y de repente me dijo “No aguanto más, por favor. Hazme tuya”, yo actué inmediatamente. Luego en el vaivén sentí que me arañaba la espalda mientras yo apretaba con todas mis fuerzas su derrier, un gemido ahogado me advirtió que estaba a punto de llegar, aceleré a su ritmo y los dos nos abrazamos terminando al unísono. Me miró con una sonrisa en su rostro, la misma que había puesto el día que me pidió indicaciones para llegar a la facultad de humanidades, esa de inocente picardía que me derretía por dentro. Yo cerré mis ojos y le planté un beso que ella respondió con todas sus ganas.

Empezamos a hablar y desde entonces nos veíamos todos los viernes en el bar de enfrente a las 9:00 p.m., le dimos un nuevo uso al WhatsApp y al envío de fotos, las llamadas calientes y las visitas en su casa cuando sus papás no estaban. Se estaba convirtiendo en una aventura y cada vez se hacía una adicción más fuerte. Justo al tercer mes me dijo que no podía continuar así conmigo pues sentía que se estaba enamorando, entonces le propuse que fuera mi novia. Hoy cumplimos 2 años de relación y está sentada detrás de mío riéndose mientras termino esta historia.

Se terminó el 2014, todo quedó atrás. Pero lo único que no olvidamos fácilmente son esos arañazos en la espalda, los gemidos, gritos, pilladas y  todos esos ratos de sexo que quedaron grabados en nuestra mente y de los que aprendimos diferentes cosas.

Empezamos un nuevo año y no está de más decir que queremos que este año tengamos más y mejor sexo, si alguien está en desacuerdo debería dejar de leer este blog porque los que aquí estamos queremos un 2015 lleno de placer y fantasías.

De pronto alguna vez habrán escuchado hablar de las cabañuelas, para aquellos que no saben de qué se trata, les explico: Tradicionalmente en España y América, las Cabañuelas se utilizan como un método de predicción meteorológica. Básicamente consiste en que los primeros 12 días del año nos darán información certera sobre cómo estará el clima durante los doce meses del año. ¿Qué tal si llevamos estas predicciones a la cama y hacemos un buen augurio de un 2015 de alta temperatura?

Pues como del año anterior aprendimos tantas cosas, este año propongámonos aprender mucho más. La propuesta es que durante esos primeros doce días del 2015 predigamos lo que va a pasar en nuestra alcoba, o nuestra sala, o nuestro auto, o en el parque, o en la escalera, o en la Universidad, o donde quiera que sea que lo hagamos.

La propuesta está hecha. Para cada día intenta algo nuevo, poses arriesgadas, lugares diferentes, sexo tántrico, lubricantes eróticos, más poses nuevas, juegos de seducción, masajes eróticos, sexo cibernético, disfraces y tantas posibilidades más que tenemos para hacer más rico el sexo y dejar de un lado la monotonía para darle picante a nuestra vida sexual.

Todo está dicho, a ponernos creativos para tener un 2015 delicioso con las cabañuelas del amor.