febrero 2015

Ella estaba despechada, él estaba solitario. ¿Cómo es posible que dos almas coincidan el mismo día para conocerse más que como amigos?, esta es la historia de Camilo. Un amigo con el que me encontré el otro día que en medio de cafés y música de Skid Row, me contó la historia de su última aventura… Sara.
Los padres de Camilo vivieron en Colombia hasta el año 2000, cuando decidieron mudarse a Miami, Estados Unidos. La historia se remonta al 14 de Febrero de 2013, en Miami Beach. El hombre estaba en un bar cerca a su casa con sus amigos tomando cerveza y jugando billar, siempre le había gustado el Pool desde nuestra época de adolescencia. Las mujeres nunca le faltaron pues él era alto, rubio, y de ojos claros, como yo solía ser tímido, él me enseñaba cómo levantar viejas en una noche. Seguía la bola 8 (la de la suerte) y justo antes de golpearla, suena la campanilla del bar y ve entrar un par de botas al bar. Me dio risa en ese momento porque me la describió de abajo hacia arriba. Subió su mirada, dos piernas bien torneadas que empezaban su desnudez en un short y correa ancha lo atraparon, golpeó la bola y le pegó a la lámpara que estaba arriba de la mesa de billar con el taco, la dueña del bar le grita por la acción pero él no podía escapar a esa figura esbelta. Dejó su cigarro en el cenicero que estaba en la mesa y la siguió detallando, una blusa de color blanco que dejaba ver sutilmente su top y cuando subió su mirada, nada. Su cara estaba cubierta por su cabello, se veía el maquillaje de color negro resbalando por su rostro.
La chica se sentó en la barra y señalando una botella de tequila, le pidó a la mesera que le sirva un trago doble. Camilo sin más reparo fue con cara de galán a decirle “Anóteme ese trago a mí, por favor” mientras sostenía su cerveza del cuello sin presentarse aún. — ¿Desde cuándo una mujer no puede tomarse una copa de tequila sin que un idiota quiera meter sus narices para levantársela? Cambia de estrategia, campeón. — Le dice la antipática extraña con acento caleño mientras saca un billete de 10 dólares. — ¿Colombiana? Yo soy bogotano, mucho gusto, Camilo. Por tu acento, me atrevo a decir que eres de Cali. No sé qué te pasó pero déjame invitarte a esta copa. Si no logro ayudarte con tu problema, por lo menos aporto para que se te olvide. — Ella le devolvió una mirada de malos amigos mientras pasaba su tequila.
— Vamos a mi carro y me cuentas por qué estás así.
— Hey, tranquilo campeón. No soy tan fácil como esas a las que sueles conquistar con tu cara bonita.
— Está bien, salgamos un rato del bar para que te sientas más cómoda y hablamos.
— Si me gastas el último trago de tequila es posible que te cuente cómo llegue hasta aquí.
— Hecho.
Salieron el bar tal como Camilo le había propuesto. Ella encendió un cigarrillo e inmediatamente rompió en llanto. En pleno San Valentín su novio la había dejado, según él porque las cosas no eran como antes.
La noche avanzaba y entre cigarrillos y cervezas se estaba haciendo tarde, Camilo la invitó a su casa para ir de remate y ella accedió. Entraron a la habitación que estaba hecha un desorden, a ella no pareció importarle y se tiró encima de la ropa sucia… — ¿Cómo así parce? ¿En serio la vieja le olió su ropa? — morí de la risa. — Sí, viejo. No sé si fue por la borrachera o si le olió rico pero cuando se acostó en mi cama de una cogió una camiseta y la olió — me dijo entre risas. Cuando empezó a acariciarle los brazos, ella lo detuvo y le dijo que esa noche no habría sexo, que sólo quería que la abrazaran, quería sentirse querida y no como un objeto sexual. Realmente estaba con el corazón partido. Él la abrazó y se acostaron en cucharita.
Para un tipo como Camilo eso clasificaría como una noche perdida, pero no, se sintió bien. Me dijo que por primera vez en su vida había sentido qué era estar con una mujer sin tocarle la piel, más bien tocándole el corazón. Al día siguiente ella se levantó primero que él y le dejó una nota donde decía “Gracias por todo, fuiste mi mejor San Valentín. Espero que me llames para salir un día de estos”. — ¿Y ya? No jodás, eso no tuvo acción — le dije sorprendido, — Y ya — Me respondió con una sonrisa. — A las dos semanas después de esa noche la llamé para que nos comiéramos un helado y aceptó. Aún estaba entusada pero ese día conocí su sonrisa, era preciosa. Terminamos el helado y la invité a ver una película en mi casa, fue entonces cuando en la mitad de la función me agarró la mano. Me dijo que había sido muy comprensivo con ella y me dio un beso al que respondí con todas mis ganas, se puso encima de mí y una cosa llevó a la otra. No salimos en todo el fin de semana, creo que nos faltó hacerlo encima de la estufa, esa mujer era espectacular y se portó en la cama como si fueran a descontinuar el sexo pronto. Fue genial, y lo mejor de todo… me enamoré — Me dijo entusiasmado.
— O sea que no fue levante.
— Exacto, terminó siendo mi novia. De una manera que no lo esperaba pero fue muy especial conmigo desde entonces, siempre se preocupaba por mí y me invitaba constantemente a comer a su apartamento.
— Uyyyy bien, compañero.
Brindamos con cerveza, terminamos la última ronda y le deseé un buen viaje de regreso a su casa en Miami. Le pedí que saludara a Sara de mi parte y que les deseaba lo mejor. No fue un San Valentín perdido ni “sin acción”, fue uno que le enseñó a valorar a las mujeres más que por el acto sexual y a entender sus sentimientos.