mayo 2015

Final, final. No va más.

Llegaba a mi casa después de ver un partido que… no quisiera ni recordar. No es justo matarse la cabeza por 11 manes que van detrás de un balón mientras uno se echa la bendición para que ganen el partido. Ellos ganan sus millones así pierdan pero la fe del hincha es algo que no tiene precio.

Mi esposa me sirvió la comida mientras me miraba con impotencia pues sabía lo que tenía pero no me decía palabra alguna al respecto, así acompañaba mi dolor. – Mi amor, ¿quieres postre? – me preguntó, yo negué con la cabeza pues lo único que quería era irme a dormir. Ya podía imaginarme la burla de mis colegas de trabajo al día siguiente.

– Ven, mi amor. Te voy a enseñar un juego que no conocías.
– Nata, no estoy de humor para juegos de mesa, entiéndeme por favor.
– Te entiendo, mi vida. Es un juego de cama.

En ese momento me cambió el humor, sabía que la noche podía mejorar.

– Mira esta baraja de cartas, vamos a quitar la K, Q y J. Los corazones son besos, los diamantes masaje, las picas mordiscos y los tréboles cosquillas. El número es la cantidad de segundos que deberás realizar una acción como castigo – me quedé de una sola pieza. Se había tomado el tiempo de investigar un juego erótico para alegrarme después del partido.

Empezamos a jugar y con el paso de los minutos la tensión sexual que había en la habitación era indescriptible. De repente me dijo “Ya no aguanto más, ven y hazme tuya”, a esas alturas yo estaba peor que ella y no dudé en aceptar el llamado. Cuando empecé a besarla, no parecía que lleváramos 5 años de matrimonio, aún la deseaba como la primera vez. Su piel tenía ese sabor especial e indescriptible que mi lengua conocía a la perfección, su respiración agitada era como una droga para mí, me ponía eufórico. Ver cómo se le arqueaba la espalda con cada embestida era demasiado excitante y justo en ese momento me acordé por qué me enamoré de ella, además de sus detalles era la mejor en la cama.

Cuando terminamos, me miró y sonrió… – Se me olvidaba decirte que este juego tiene 3 rondas, apenas terminamos la primera – le devolví una sonrisa, fui por agua a la nevera para recuperarme y ahí me dije a mí mismo “Este es el mejor juego del mundo. Adiós a sufrir por un equipo de fútbol cuando con ella puedo ganar siempre. Final, final… no va más”.

2

En este mes tan especial, quisimos recordar esas frases que le decía a uno la cucha, la jefa, la patrona, la que manda en la casa. Esas que nunca se le van a olvidar a uno porque te las repetía hasta el cansancio.

“Un día de estos se levantan y no me van a encontrar, y a ver qué hacen…”. Cuando eres un desconsiderado porque no le ayudaste a barrer al antejardín.

“Cuántos niños no estarán deseando ese plato de comida y usted rechazándolo”. Cuando no quieres comerte el sancocho de gallina con jugo de guayaba.

“Mientras usted viva en esta casa, se hace lo que yo diga”. Cuando no te dejaba ir de rumba.

“Para que le hagan un favor a uno hay que arrodillarse, en cambio viene cualquiera de la calle y salen corriendo”. Cuando acompañaste a tu amigo al centro pero no le ayudaste a llevar las bolsas del mercado hasta la cocina.

No podíamos olvidar las frases antes de salir con tu novia como “Acuérdese de ponerse sombrero”, “Yo no quiero ser abuela todavía así que se me cuida”, “No vaya a embarazar a esa muchacha que se le daña la juventud”, siempre tan prevenidas y con ese inconfundible instinto de mamá sobreprotectora. A todas ellas gracias por preocuparse por nosotros.

Y así podríamos seguir con innumerables frases que están inmortalizadas en nuestra memoria, lo importante es que son las mejores. Es justo dedicarles un homenaje y hacerlas sentir especial en este día (sobra decir que debería ser todos), llévale un ramo de rosas de esos que le dejen el ojo aguado y le arruguen la cara. Que sepan lo mucho que a pesar de los regaños, le aprendieron y que hoy son lo que son gracias a ella.

Si tienen alguna frase de #Mamámelodecía, déjenla en los comentarios y los escribiremos en nuestras redes sociales con su nombre.