junio 2015

La DT.

Me miró con cara desafiante y me dijo “A calentar”. Yo no sabía qué ponerme a hacer así que me empecé a trotar por toda la habitación. – Alto, ahora a hacer 10 lagartijas, al piso. Está mal de ese estado físico – era cierto, pero a pesar de estar bien loca me gustaba que se tomara el papel tan en serio. No me había explicado de qué se trataba todo y yo seguí con el juego, la miraba con deseo pues nunca la había visto tan dominante como hasta ese día. Acto seguido me dijo que debía estirarme si quería estar preparado para el encuentro – No quiero lesionados en mi casa – Jajajaja sí que se estaba tomando el papel en serio.

Me hizo parar con las manos atrás como si estuviera en una charla deportiva – Hoy tenemos un partido muy importante entre manos y necesito que seas el capitán del equipo – me dijo mientras bajaba su mirada de una forma muy sexy hacia una licra que había comprado la cual no dejaba nada a la imaginación, era negra y muy apretada… deliciosa.

– Vamos a hacer un ejercicio de calentamiento que quedó pendiente, ya falta poco para el

encuentro y lo necesito al máximo.

– Sí señora, como guste.

– Va a ir hasta el patio y se va a poner el uniforme que dejé en la ropa limpia. Tiene 1 minuto

para volver o meto a otro para que sea titular.

– Ya mismo.

Corrí como loco atormentado por toda la casa, me puse el uniforme y volví con una media a medio poner. – Muy bien, así lo quiero Florez – ya no me llamaba por el nombre sino por el apellido, no pude evitar sonreír. Me tiró a la cama y me dijo “Este es un ejercicio especial que no hago con ningún otro jugador pero es que desde que entró al equipo no puedo dejar de pensar en usted” uff, se le escuchaba exquisito.

Se me hizo encima y empezó haciendo movimientos pélvicos – La primera es una prueba de resistencia, debe aguantar la excitación tanto como pueda – no pasaron muchos segundos para que el resultado de ese ejercicio se viera. – Ahora vamos a pasar a un ejercicio de relajación para la gran prueba final – se quitó la camisa deportiva que llevaba y no tenía brasier, se veía perfecta en cada centímetro de piel. – Boca abajo Florez, voy a hacerle un masaje y si escucho algún gemido no jugará la final – sentí su pecho en mi espalda y se movía de arriba abajo.

– Ya, perdí. No aguanto más, ¿cuál es el castigo? – dije en tono jocoso. – Que se perdió la final, ya no va a jugar en mi equipo – me decía mientras levantaba la ropa del suelo de una manera demasiado provocativa mirando de reojo con una sonrisa pícara. La agarré por la espalda y le dije – ¿Conoce a Zlatan Ibrahimović? No respeta nada y yo tampoco, voy a cometer una falta y si me voy de expulsión, entro la otra temporada… no me importa nada a estas alturas – la empujé a la cama y me quité la camiseta. Yo creo que los vecinos alcanzaron a escuchar esa charla deportiva que se escuchaba entre gemidos tipo “Lo voy a sacar si no le pega duro”, “Yo a usted le voy a dar su castigo por no ponerme a jugar la final”, “Métala al ángulo” y demás frases que hacían de ese juego una experiencia inolvidable.

– Buen juego Florez, por eso siempre es mi primer convocado – dijo, – Usted es la mejor DT que he tenido – le dije con los ojos cerrados. Nos reímos un rato y terminamos durmiendo entrepiernados. Así si vuelvo a jugar las veces que sea.

Me puse pálido, las manos me sudaron y se me paró el corazón. – ¿¡Tatiana!? – Le grité a Santiago.

Para ponerlos en contexto, Tatiana era una chica que conocí veraneando para la clase de Fundamentos de Mercadeo. No me había ido muy bien en el semestre y debía esforzarme si quería subir la nota, pero ella era una distracción con la que no contaba. Se llevaba toda mi atención. También estaba recuperando su nota y nos tocó estudiar en la misma clase, por eso entablé amistad con ella. Además de ser una chica muy atractiva, su personalidad era encantadora. Cuando nos cansábamos de estudiar, íbamos a comer a la cafetería de la U y hablábamos de nuestras vidas.

Un día la invité a comer helado y aceptó, para ese entonces ya teníamos bastante confianza y el tema se fue calentando poco a poco. – ¿Cuál es la pose que más te gusta? – Me preguntó en medio de la charla. De ese calibre estaban las preguntas. – El 69 ­– le respondí – Uff, rico – me dijo, fue cuando supe que algo interesante estaba por pasar. Me llevó a su casa y desde la puerta me comió a besos, no parecía yo el veraneado sino ella. Tuvimos una noche para recordar. Le conté a Santiago, mi mejor amigo, la experiencia con detalles. Él la distinguía pues tenían amigos en común. Cuando terminaron las clases de verano no nos volvimos a ver, por la forma como desapareció de mi vida, asumí que no le había gustado lo suficiente nuestro encuentro o no quería involucrarse sentimentalmente con alguien.

– Sí, amigo. Esa vieja está en embarazo, tiene 3 meses – Me dijo mientras yo hacía cuentas en la cabeza como calculadora científica. ¡Claro! Me cuadraba perfecto la fecha, pero no podía ser mío… Habíamos usado condón esa noche, ¿y entonces? La busqué en Facebook y aparecía en una relación estable hace dos años, es decir, inconscientemente fui el amante, ella me había mentido y de la peor manera. Cuando la confronté me dijo con mucha vergüenza que por eso se había alejado de mí, que sólo había sido una noche de despecho pues llevaba mucho tiempo peleando con el novio, que luego se arrepintió y se prometió que nunca volvería a hacerlo. Me pidió que fuera nuestro secreto y que sí, efectivamente estaba embarazada de su pareja.

Entonces recordé lo que una vez me dijo mi papá “Mijo. Es mejor que la noche sea inolvidable por lo que pasó y no por lo que vendrá. Siempre póngase cachucha para que no le vayan a meter un gol” y el susto me hizo recapacitar por todas las veces que había estado con otras amigas sin protección, que arriesgado y pendejo fui. Desde ese día hasta hoy, nunca salgo de mi casa sin condón, uno nunca sabe.