noviembre 2015

Yo hacía parte de ese grupo de personas que creían que la vida sería perfecta si

después de Halloween llegara “diciembre con su alegría”, porque creía que

noviembre era el mes más inútil del año, que solo estaba allí para hacer más larga

la espera de la rumba navideña, pero un delicioso beso, procedente de los labios

más carnudos que he podido sentir en mi vida, fue suficiente para tirar esa teoría

por la basura.

Después de la fiesta de Halloween, el desparche fue brutal. Todos los del parche

quedamos súper iniciados y con más ganas de fiesta, entonces a mi primo Julián se

le ocurrió la grandiosa idea de celebrar una fiesta de Año Nuevo en pleno

noviembre.

Ese día tocó llegar con pinta nueva, champaña y con todos los juguetes para

despedir el año, también había que ir emparejado y para eso, mi primo me había

cuadrado a Susana, su mejor amiga de la infancia.

Cuando Susana llegó a la fiesta quedé boquiabierto de una, la verdad, no la veía

desde que mi primo y ella estudiaban juntos en el colegio y por eso no recordaba lo

mamacita que era. Esa, fue la mejor fiesta de Año Nuevo que nunca antes haya

celebrado, Susana fue súper linda conmigo, estuvo pendiente de mí en todo

momento, todas las canciones las bailó conmigo y cuando sonaron los doce

campanazos, se abalanzó hacia mí y me dio un beso muy sexi y tierno a la vez. Ahí

fue cuando supe que Susana podía moverme el piso y mi mundo terriblemente.

Luego de esa fiesta la llamé para invitarla a salir y fuimos a cine, luego la volví a

invitar a salir y fuimos a comer, fue ahí cuando la lleve a una cena romántica en un

hotel y le pregunté que si quería ser mi novia. Ella me dijo que sí y seguidamente

me dio un delicioso beso con el que me dejó listo para ir a una de las habitaciones

de ese hotel donde cenábamos, abrir un Mystic y cerrar con broche de oro la

ocasión.

Cuando los del parche supieron que me había cuadrado a Susana, empezaron a

molestar y a decirme que yo era el más tonto por haber conseguido novia antes de

Navidad: “Oiga ¡no sea bruto! Ahora tiene que comprarle regalos de Navidad a

Susana y no va a tener plata para irse de rumba con nosotros”. Eso no me importó

y yo seguí feliz con ella, de hecho, armé otra rumba con los del parche para

celebrar que tenía novia y que en noviembre puede pasar lo inesperado.

Ni siquiera era 31 de octubre y la fiesta de Halloween ya había empezado en mi cabeza; de solo pensar que caía un sábado y que además era puente, ya estaba celebrando de ansiedad porque tenía claro que la celebración iba a ser larga. Ese mes conté cada uno de los días hasta que cayera la noche más tenebrosa del año.

 

La locura empezó desde el viernes 30, ese día mi primo ofreció una fiesta de disfraces en su finca pero un día antes me llamó y me dijo que tenía que llevar un buen disfraz. Salí apurado a buscar disfraces y lo único que encontré a esas alturas fue uno de lobo feroz; en ese momento creí que no iba a tener mucha suerte en la fiesta pero no tenía ni idea de lo que me esperaba.

La acción empezó desde el momento en que llegué a la fiesta y me recibió una mujer hermosa disfrazada con una bata y unos lentes, como si fuera una viejecita. Cuando me vio, dijo –Por fin llegó el malvado lobo. Mi nieta, la linda Caperucita Roja, lo está esperando en algún lugar. Vaya búsquela y diviértase-. Y mientras dijo que me divirtiera puso en mi mano un Hot Sensation de Mystic. Ese fue el detonante para salir corriendo y empezar la cacería. Cuando la encontré estaba de pie disfrazada con una capa roja y corta que apenas caía sobre la parte alta de sus largos y suaves muslos. La imagen fue tan excitante que reaccioné con un impulso; mandé mi mano hacia su capa para arrancársela pero Caperucita me detuvo y dijo que si quería comérmela a punta de besos, primero tenía que destapar el dulce que le había regalado la abuelita. Desde el momento en que destapé el Hot Sensation, oficialmente había arrancado Halloween, fue un comienzo lleno de fuego y de voracidad, como nunca lo había imaginado.

 

Luego que este lobo se devoró a la sexi caperucita, me mostró la canasta en la que le llevaba los dulces a su abuelita: -Esto no es una fiesta, más bien parece un cuento y afuera lo están esperando Blanca Nieves, Rapunzel, Alicia y la Bella Durmiente. Vaya búsquelas y lléveles dulces de esta canasta- . De ahí saqué un Mystic Extremo, un Triple Placer, un Lubricado y por supuesto, un Long Action porque con toda esa cantidad de personajes la fiesta iba a durar todo el puente.

 

Ese, no solo fue el mejor Halloween de mi vida, también fue el mejor cuento que haya podido tener entre mis manos.