Category: Fantasías

Juan insiste en levantarse una linda chica pero no ha conseguido nada, y eso que la gente lo ha estado aconsejando.

No entiendo qué es lo que pasa, ya le hemos dicho que debe ser más caballero, que tiene que dejar de usar expresiones ordinarias, que conquiste a las mujeres con flores, chocolates, con frases bonitas… pero no, el sigue diciendo cosas como -“!me gustaría ser papa frita para acompañar ese lomo!”. Qué desastre.

Hace poco me di cuenta que lo habían sacado de una discoteca porque se puso de intenso con varias chicas. A una de ellas, le invitó varios cocteles pero luego de un rato ella se vio tan asediada que le tiró un trago en la cara. Luego, empezó a caerle a otra chica y todo empezó bien, estaban hablando sobre sus vidas, sus gustos, sus películas y su música favorita. Cuando Juan le preguntó qué tipo de música le gustaba y ella le respondió que su favorita era el reggaetón, Juan reaccionó de una manera muy especial: -Huy reina, entonces en bombas pa ́ la pista y camine a perrear-. Y eso fue lo más cerca que Juan estuvo de conquistar, porque esta chica se levantó de la silla y lo dejó solo con sus ganas de perrear.

¡Juan, así no podemos! Hay que ponerle más atención a los consejos que las personas te están dando o sino te van a sacar de todas las discotecas del mundo, y peor aún, no te vas a conseguir a nadie. Nosotros estamos seguros que lo puedes hacer siempre y cuando sigas nuestros consejos y los pongas en práctica, por eso no podemos dejar de compartir con Juan Muchalabia nuestras tácticas para conquistar en las frases que dice en las redes sociales de Mystic usando el hashtag #JuanAsíNo, démosle una última oportunidad que con nuestra ayuda Juan será el más conquistador de todos.

Qué pereza ir caminando por la calle y de repente oír que gritan a decibeles exagerados
–Mami, ¡lengua de Godzilla!- o algo como -¡Mami, eso sí es una arepa con todo!
¡Agh, qué rabia! Y también da pena porque lo hacen delante de todo el mundo.
Esos tipos así no se ganan nada de nada… bueno, no hay que ser tan drásticos pero creo que deben aprender a tratar a una mujer, además, esos son los típicos hombres que hablan mucho y nunca levantan nada.

Ayer estuve en una fiesta y conocí un tipo de estos, se llama Juan pero sus amigos le dicen “Juan Muchalabia”. Se la pasó toda la noche tratando de conquistarme con unas frases horribles, parecía que las sacaba de una canción de reggaetón y claro, como yo no le copié en ningún momento, se fue de mesa en mesa a caerle a todo lo que se moviera con ese parlamento, parecía un aguacero. Al final de la noche se fue solo para la casa.

Cuando un tipo me habla así lo único que puedo hacer es poner mi peor cara, pero en el fondo de mi corazón (muy en el fondo), sé que lo que necesitan este tipo de personas es alguien que los haga caer en cuenta de ese grave error.

Tenemos una misión importante con este personaje, con Juan Muchalabia, debemos convertirlo en un caballero para que deje de ser tan burdo y lo más importante, para que pueda conquistar a las mujeres que le gustan. Si ustedes tienen unos buenos consejos de levante y conquista para este pobre muchacho, entren a las redes sociales de Mystic y ayúdenlo utilizando el hashtag #JuanAsíNo

“No eres tú, soy yo”, ya me la habían dicho 2 veces en la vida pero ésta sí me dolió. Ya habíamos hecho planes a futuro, era la mujer con la que quería pasar el resto de mi vida. Un día empezó a cambiar sin decirme el por qué y de repente ¡BOOM! Terminemos… me partió el corazón en pedacitos, a los pedacitos les pasó una aplanadora, los quemó y los echó a la basura.

– Relájese, eso duele pero ya verá que un día va a poder levantarse de ese golpe y será más fuerte que nunca – Me dijo mi hermano Augusto al verme con semejante tusa mientras me daba unas palmadas en la espalda. – Vamos a estar en la casa de Margarita por si se anima, camine para que cambie de ambiente. Ese encierro sólo va a empeorar las cosas – pues sí, me imagino que la otra desalmada estaría tranquila mientras yo me quedaba en la casa viendo películas con la cara larga.

Llegamos a la casa de la amiga de mi hermano y el ambiente estaba relajado, había bastante gente para ser una reunión informal. Unos jugaban cartas, otros contaban chistes, todos felices. Saludé a Margarita y le pedí una cerveza bien fría, ella llamó a una amiga para no dejarme solo mientras iba a su habitación con mi hermano (se le notaban las ganas por él).

– ¿Qué te trae por aquí? No te he visto antes en las reuniones con tu hermano.

– Mira, no quiero hablar ahora. Gracias de verdad por la compañía pero lo menos que quiero es intimar con alguien.

Sonó esa canción de Darío Gómez “El rey del despecho” y grité que le subieran. Ella me miró y sonrió.

– Usted lo que está es entusado. No quiero dejar a mi amiga sola en el cuarto de visitas viendo películas, camine y nos cuenta sus penas. Vamos a ahogarlas con cerveza.

Qué más tenía para hacer, si seguía ahí hasta podía empezar a llorar por mi ex. Ver ese mismo programa en compañía podía subirme el ánimo. Llegamos al cuarto y su amiga estaba dormida en tangas, SÍ… EN TANGAS. Ellas llevaban tomando un rato y la cerveza había hecho efecto.

Me dio pena por haberla encontrado así y la desconocida (porque ni nos habíamos presentado) cerró la puerta del cuarto.

“Sin pena, Felipe. Venga siéntese en la cama” se sabía mi nombre. – ¿Cómo te llamas? – Pregunté – Mucho gusto, Ángela – respondió. Yo me puse a mil y empecé a sudar “Te ves nervioso, ¿nunca habías visto a una mujer durmiendo en tangas?” obvio sí, pero nunca a una desconocida. Ella se acostó a su lado, empezó a tocarla de las piernas hacia arriba… yo ya empezaba a izar bandera.

– Ella se llama Daniela y somos pareja. Nos gustan las emociones fuertes, todo fuerte. Digamos que tenemos una relación “distinta” a las demás.

No había caído en cuenta que se había hecho la dormida para provocarme con su ropa interior y ahora me estaba mirando mientras se mordía los labios.

– Venga que le vamos a ayudar con ese corazoncito roto – me dijo Ángela mientras le daba una nalgada a Daniela.

Cuando desperté, eran las 6:00 a.m. tenía a una chica en cada brazo. Escuché nuevamente en mi cabeza esa canción de Darío Gómez y me dije a mí mismo “Soy el rey del despecho”.

La DT.

Me miró con cara desafiante y me dijo “A calentar”. Yo no sabía qué ponerme a hacer así que me empecé a trotar por toda la habitación. – Alto, ahora a hacer 10 lagartijas, al piso. Está mal de ese estado físico – era cierto, pero a pesar de estar bien loca me gustaba que se tomara el papel tan en serio. No me había explicado de qué se trataba todo y yo seguí con el juego, la miraba con deseo pues nunca la había visto tan dominante como hasta ese día. Acto seguido me dijo que debía estirarme si quería estar preparado para el encuentro – No quiero lesionados en mi casa – Jajajaja sí que se estaba tomando el papel en serio.

Me hizo parar con las manos atrás como si estuviera en una charla deportiva – Hoy tenemos un partido muy importante entre manos y necesito que seas el capitán del equipo – me dijo mientras bajaba su mirada de una forma muy sexy hacia una licra que había comprado la cual no dejaba nada a la imaginación, era negra y muy apretada… deliciosa.

– Vamos a hacer un ejercicio de calentamiento que quedó pendiente, ya falta poco para el

encuentro y lo necesito al máximo.

– Sí señora, como guste.

– Va a ir hasta el patio y se va a poner el uniforme que dejé en la ropa limpia. Tiene 1 minuto

para volver o meto a otro para que sea titular.

– Ya mismo.

Corrí como loco atormentado por toda la casa, me puse el uniforme y volví con una media a medio poner. – Muy bien, así lo quiero Florez – ya no me llamaba por el nombre sino por el apellido, no pude evitar sonreír. Me tiró a la cama y me dijo “Este es un ejercicio especial que no hago con ningún otro jugador pero es que desde que entró al equipo no puedo dejar de pensar en usted” uff, se le escuchaba exquisito.

Se me hizo encima y empezó haciendo movimientos pélvicos – La primera es una prueba de resistencia, debe aguantar la excitación tanto como pueda – no pasaron muchos segundos para que el resultado de ese ejercicio se viera. – Ahora vamos a pasar a un ejercicio de relajación para la gran prueba final – se quitó la camisa deportiva que llevaba y no tenía brasier, se veía perfecta en cada centímetro de piel. – Boca abajo Florez, voy a hacerle un masaje y si escucho algún gemido no jugará la final – sentí su pecho en mi espalda y se movía de arriba abajo.

– Ya, perdí. No aguanto más, ¿cuál es el castigo? – dije en tono jocoso. – Que se perdió la final, ya no va a jugar en mi equipo – me decía mientras levantaba la ropa del suelo de una manera demasiado provocativa mirando de reojo con una sonrisa pícara. La agarré por la espalda y le dije – ¿Conoce a Zlatan Ibrahimović? No respeta nada y yo tampoco, voy a cometer una falta y si me voy de expulsión, entro la otra temporada… no me importa nada a estas alturas – la empujé a la cama y me quité la camiseta. Yo creo que los vecinos alcanzaron a escuchar esa charla deportiva que se escuchaba entre gemidos tipo “Lo voy a sacar si no le pega duro”, “Yo a usted le voy a dar su castigo por no ponerme a jugar la final”, “Métala al ángulo” y demás frases que hacían de ese juego una experiencia inolvidable.

– Buen juego Florez, por eso siempre es mi primer convocado – dijo, – Usted es la mejor DT que he tenido – le dije con los ojos cerrados. Nos reímos un rato y terminamos durmiendo entrepiernados. Así si vuelvo a jugar las veces que sea.

Final, final. No va más.

Llegaba a mi casa después de ver un partido que… no quisiera ni recordar. No es justo matarse la cabeza por 11 manes que van detrás de un balón mientras uno se echa la bendición para que ganen el partido. Ellos ganan sus millones así pierdan pero la fe del hincha es algo que no tiene precio.

Mi esposa me sirvió la comida mientras me miraba con impotencia pues sabía lo que tenía pero no me decía palabra alguna al respecto, así acompañaba mi dolor. – Mi amor, ¿quieres postre? – me preguntó, yo negué con la cabeza pues lo único que quería era irme a dormir. Ya podía imaginarme la burla de mis colegas de trabajo al día siguiente.

– Ven, mi amor. Te voy a enseñar un juego que no conocías.
– Nata, no estoy de humor para juegos de mesa, entiéndeme por favor.
– Te entiendo, mi vida. Es un juego de cama.

En ese momento me cambió el humor, sabía que la noche podía mejorar.

– Mira esta baraja de cartas, vamos a quitar la K, Q y J. Los corazones son besos, los diamantes masaje, las picas mordiscos y los tréboles cosquillas. El número es la cantidad de segundos que deberás realizar una acción como castigo – me quedé de una sola pieza. Se había tomado el tiempo de investigar un juego erótico para alegrarme después del partido.

Empezamos a jugar y con el paso de los minutos la tensión sexual que había en la habitación era indescriptible. De repente me dijo “Ya no aguanto más, ven y hazme tuya”, a esas alturas yo estaba peor que ella y no dudé en aceptar el llamado. Cuando empecé a besarla, no parecía que lleváramos 5 años de matrimonio, aún la deseaba como la primera vez. Su piel tenía ese sabor especial e indescriptible que mi lengua conocía a la perfección, su respiración agitada era como una droga para mí, me ponía eufórico. Ver cómo se le arqueaba la espalda con cada embestida era demasiado excitante y justo en ese momento me acordé por qué me enamoré de ella, además de sus detalles era la mejor en la cama.

Cuando terminamos, me miró y sonrió… – Se me olvidaba decirte que este juego tiene 3 rondas, apenas terminamos la primera – le devolví una sonrisa, fui por agua a la nevera para recuperarme y ahí me dije a mí mismo “Este es el mejor juego del mundo. Adiós a sufrir por un equipo de fútbol cuando con ella puedo ganar siempre. Final, final… no va más”.

“Pues sea sexy, amigo” – Me dice semejante idiota. Yo no sabía cómo ser sexy, mi papá no me había enseñado a ser sexy, en el colegio no te enseñan a ser sexy, tu mamá no te da un beso en la mejilla al salir de la casa y termina con un “Que te vaya bien hijito, pórtate sexy”. Ahí me atacó la pregunta, ¿cómo un hombre del común puede ser sexy? En los comerciales aparece James Rodríguez recostado en un sofá con un sixpack en su abdomen y a mi hermana se le iluminan los ojos casi con lágrimas sólo de verlo… pero yo, ¿cómo podía yo ser sexy?

 
Lo miré – Pues enséñeme, maestro. Al parecer usted es todo un gurú – le dije con sarcasmo. Ricardo se dirigió a la mesa de esas dos nenas que estaban solas mientras caminaba como bailarina de ballet tratando de verse más alto, atándose la corbata hacia arriba y haciendo duck face como si estuviera en una pasarela y todas las cámaras apuntaran hacia él. Sonreía a todos los del bar y los señalaba con el dedo índice como si los conociera de toda la vida, se tenía fe. Llegó a la mesa, se apoyó poniendo su mano izquierda mientras mostraba su reloj y ellas lo voltearon a mirar, les dijo algo, ellas se miraron y ¡CATAPLÚM! Tome su cachetada. Se devolvió aburrido donde yo estaba mientras se sobaba el cachete y ponía cara de dolor, yo no podía de la risa.

 
– ¿Qué les dijo, señor irresistible? – Le dije llorando de la risa. – No, pues que me habían parecido lo más delicioso del sitio y quería que nos acompañaran para tomar algo y salir de remate – Le puse la mano en el hombro – Yo no sé ser sexy, pero definitivamente, ese no es el camino –.

 
Me levanté de la silla y fui donde esas bellezas, con el caminado chueco que me caracteriza, la camisa por fuera y una cerveza en la mano. Llegué a su mesa y ya sin ningún interés, me presenté y les pedí disculpas por el comportamiento de mi amigo. Una se llamaba Liz y la otra Laura, pero personalmente me encantaba Laura. Sin más, me despedí y me di la vuelta – Espera, Mateo – me dijo Liz. Me invitaron a una copa y me dieron sus números de teléfono. Volví a la barra con cara de ganador mientras Ricardo, con cara de sorpresa, no lo podía creer.

 
Al otro día le pregunté a mi hermana cómo un hombre podía ser sexy, me dijo que ellas podían serlo, mientras que nosotros debíamos conformarnos con lo que Dios nos dio. También me dijo que lo que les impactaba a ellas era la seguridad con la que un hombre hablara, que no me acercara con expectativas altas porque las mujeres huelen la necesidad en un hombre y eso las espanta, que no me creyera la última empanada de la vitrina y que las escuchara al hablar. Una buena conversación decía mucho de un hombre pero que la primera impresión nunca podía ser del tipo sobrado si lo que quería era levantar a una vieja bien.

 
15 días después me decidí a escribirle a Laura para saludarla y preguntarle cómo le iba.

 

– Hola Laura, hablas con Mateo. El tipo del bar ¿Cómo vas?

– Wow, qué sorpresa. Pensé que no me escribirías, le pregunté tu nombre a Liz porque me dio pena hablar contigo.

– ¿Y eso?

– No sé, a Liz le pareciste sexy y yo me sentí insegura al hablarte. Además pensé que te habías fijado en ella y preferí no entrometerme.

O sea, le parecí atractivo a una mujer en el mundo. El hombre sexy.

Era la quinta vez que le hablaba del tema y ella ya parecía más receptiva. En un principio parecía hasta incomodarle, más que por la idea misma de practicarlo, por los dilemas morales que le traía. Un amigo fue el que me dijo de la existencia de un lugar cerca de mi apartamento donde hacían shows y luego de eso uno decidía si quería integrarse como pareja o como individuos (obviamente bajo previa consulta) para probar con otras personas sexo consentido y nivel de agresividad permitido. El día que él me lo planteó le dije que estaba loco, me dijo que el loco era yo pues su novia se lo había tomado por el lado amable y una vez empezó la acción ella accedió a practicarlo… no el en sitio, en su casa y con riesgo controlado.

El morbo de los hombres nos lleva a proponer cosas que no pensábamos posibles, pero la primera vez le dije la idea, de una sonrisa sarcástica me dijo “Claro, cuando las vacas vuelen”. Volviendo al principio, se lo propuse por quinta vez y ella me lanzó una mirada de confusión. Luego de la primera vez habíamos visto varias películas del tema y mientras más veía la sensación de las mujeres en los videos, veía un cambio en su actitud, de chica curiosa, de mujer con ganas.

Decidimos ir al sitio sugerido por mi amigo, pagamos a la entrada pues era un club de intercambios y por mutuo acuerdo sólo miraríamos sin participar del espectáculo y mucho menos pensar en un intercambio, estábamos a punto de casarnos y eso podría dañar la relación que tanto nos había costado construir. La primera pareja en hacer su show era un señor de edad y una rubia despampanante, llevaban en esa vida un tiempo considerable y les gustaba el sadomasoquismo y los intercambios. Fue mucho más explícito de lo que esperaba pero muy educativo. Pasó la segunda pareja, ella morena y él rubio. La tercera, un tipo con dotación para hacer feliz al gran cañón y ella baja, parecía una película porno de las que compras en el centro con el título “Mandingo”.

Terminados los espectáculos en vivo, empezó la rumba de todos contra todos. Una pareja se acercó y el hombre habló en nombre de su esposa pidiéndonos tener una experiencia juntos, ella me tomó de la mano.

Salimos del club, la miré a los ojos y ella me habló con la mirada. Como nueva experiencia fue muy enriquecedora, como enseñanza, decidimos seguir con nuestra convencional relación. Si bien vimos a muchas parejas que disfrutaban tanto del sado como del swinger, nosotros decidimos no ser parte de ese estilo de vida. Dijimos que volveríamos otro día a ver, no a participar. Nuestra relación se fortaleció y la confianza aumentó considerablemente. Ahora vemos películas XXX mientras practicamos juegos de rol en nuestro apartamento de casados pues pensamos que hay una delgada línea entre la fantasía y el acto que no precisamos cruzar como pareja.

Estamos en temporada de ingreso a la universidad y aprovecho para contarles una experiencia que tuve en el año 2013, en quinto semestre de Publicidad.

En ese entonces era un muchacho tímido, vivía inseguro por mi aspecto físico y mi última relación había terminado de la peor manera posible… sí, con cachos. Adriana me había cambiado por su exnovio, un tipo de plata y con el abdomen de Cristiano Ronaldo, pero hoy no vengo a contarles sobre ella, vengo a contarles de la protagonista de ésta historia, Daniela.

Era el primer día de clases y estaba en el comedor con Oscar, Felipe y Tanga, amigos desde el primer semestre y rivales en FIFA, estábamos cuadrando el próximo partido. De repente una niña preciosa se me acercó. No fue a Oscar, ni a Felipe, tampoco a Tangarife, fue directo hacia mí con una sonrisa de comercial de crema dental.

Voy a detenerme un momento para describir a Daniela. No era alta, aproximadamente 1,60 metros. Tez blanca como la nieve, figura esbelta, cabello largo y negro, uñas arregladas (debo admitir que es uno de los puntos que más detallo en una mujer) y con 2 hoyitos en las mejillas que se marcaban cuando sonreía. Llevaba poco maquillaje pero estaba perfecta.

¿Dije que era tímido? Bueno, aquí me quedé petrificado. Continuando en la sonrisa, me preguntó si sabía dónde quedaba la facultad de humanidades y me empezaron a temblar las manos. Le indiqué que en el último bloque a la derecha mientras sentía que la cara se me iba a quemar. Mis amigos empezaron a morirse de la risa y Oscar me dijo “Parce, ¿dónde le quedó la caballerosidad? Acompáñela, pendejo”. Acto seguido me levanté y la acompañé mientras miraba hacia atrás, ellos me hacían toda clase de payasadas vulgares mientras me alejaba.

– Es aquí – le dije, me miró con la cara menos esperada, esa cara de inocente picardía que te derrite por dentro. – Muchas gracias. Un gusto, Daniela – subió las escaleras y me devolvió una última mirada. Sentí tocar el cielo con las manos.

No la volví a ver hasta 2 semanas después en un bar que quedaba justo al frente de la universidad. Esta vez estaba acompañada de sus nuevas amigas, me hizo una seña y fui a saludarla. Como era tarde, estaba un poco tomada. Me abrazó y después de charlar un rato me dijo que la acompañara al carro que se le había quedado el bolso y no tenía para pagar. El parqueadero era un lugar apartado del bar y no había nadie cuidando, cuando estábamos llegando al carro se resbaló junto antes de abrir la puerta y me pidió que la ayudara, tomé las llaves.

– Está en la parte de atrás, yo meto el bolso debajo del asiento del conductor para evitar que me roben– me dijo, abrí la puerta de atrás y me quitó de un empujón. Pensé que se había enojado por algo que había hecho pero de repente se desplomó en la silla, no lo había mencionado hasta ahora pero traía un vestido corto muy ceñido al cuerpo que le quedaba delicioso. Me puse de mil colores y entonces me estiró el brazo para que me tumbara encima… o sea, yo era tímido, inseguro y ahora la chica más mamacita que había conocido pocos días atrás me estaba invitando a tumbarme encima de ella.

La miré a los ojos, le brillaban como cuando un niño quiere un juguete y lo tiene justo en frente suyo. Puso sus labios sobre los míos y empezó a besarme como si no hubiera un mañana, me agarró de la camisa volándome 2 botones y me preguntó si traía protección, me apuré a ponerme condón – Tranquilo, tenemos tiempo. Aquí no viene nadie a esta hora, además me gustaría ayudarte – me relajé un poco y luego de ese momento, me tumbé encima de ella nuevamente. Sus gemidos me encendieron, para entonces ya no era yo. Me convertí del chico tímido al amante sediento de placer que hace mucho tiempo no sentía dentro de mí, ella había sido el detonante para despertar ese lado salvaje y estaba dispuesto a dejarlo todo en la silla de ese carro.

Decidí empezar a besarla en todo su cuerpo, levanté su vestido con mucha delicadeza a lo que respondía arqueando su espalda. Desabroché su brasier y empecé a besarle el cuello mientras su piel me pedía que continuara. Bajé besándole el busto y luego su vientre, estaba ardiendo del deseo. Empecé a jugar con mi lengua por sus piernas y de repente me dijo “No aguanto más, por favor. Hazme tuya”, yo actué inmediatamente. Luego en el vaivén sentí que me arañaba la espalda mientras yo apretaba con todas mis fuerzas su derrier, un gemido ahogado me advirtió que estaba a punto de llegar, aceleré a su ritmo y los dos nos abrazamos terminando al unísono. Me miró con una sonrisa en su rostro, la misma que había puesto el día que me pidió indicaciones para llegar a la facultad de humanidades, esa de inocente picardía que me derretía por dentro. Yo cerré mis ojos y le planté un beso que ella respondió con todas sus ganas.

Empezamos a hablar y desde entonces nos veíamos todos los viernes en el bar de enfrente a las 9:00 p.m., le dimos un nuevo uso al WhatsApp y al envío de fotos, las llamadas calientes y las visitas en su casa cuando sus papás no estaban. Se estaba convirtiendo en una aventura y cada vez se hacía una adicción más fuerte. Justo al tercer mes me dijo que no podía continuar así conmigo pues sentía que se estaba enamorando, entonces le propuse que fuera mi novia. Hoy cumplimos 2 años de relación y está sentada detrás de mío riéndose mientras termino esta historia.

El bostezo y la sensación de alivio que deja en el cuerpo, duran entre 5 y 8 segundos aproximadamente y según estudios regulan la temperatura del cerebro, esencial para su correcto funcionamiento, además de liberar ciertas sustancias que mejoran las funciones generales de nuestro organismo.

Quién iba a pensar que el simple hecho de bostezar tuviera una trascendencia importante en el cuerpo, de hecho no es un mito, porque ha sido miles de veces comprobado que cuando alguien bosteza al lado tuyo, cuando ves a alguien bostezando ya sea en tv, internet o lo escuchas en radio, incluso cuando simplemente imaginas a alguien bostezando, sentirás incontenibles ganas de bostezar pues es considerado altamente contagioso, un contagio de 8 segundos en tu cuerpo que no tienen nada de peligroso, por el contrario termina siendo benéfico.

Sin embargo, no todos los contagios resultan siendo benéficos, es más, decir al decir contagio ya pensamos en algo negativo. Es el caso de VIH, puede tardar menos tiempo en alojarse en un nuevo cuerpo, que lo que tarda un bostezo, pone en riesgo tu vida y la de tu pareja y se puede contraer por sexo oral, anal y vaginal, una herida minúscula en tus manos o tu boca puede ser suficiente para hacer que tu vida tome un rumbo desconocido y con seguridad complicado.

La decisión de decir sí o no, cuidarse y protegerse siempre está en tus manos, no es responsabilidad de ella ni de él, tampoco de ellos ni de los otros cuantos, tú eres quien decide si acostarse con alguien sin usar condón, y por pura calentura terminar pagando un largo karma con una infección o peor aún SIDA, por un rato de placer que no te hizo millonario ni aumentó tu Intelligence Quotient en un 35% y eso que aunque así fuera creo que no valdría la pena. Es que hay muchos mitos como: “la primera vez no pasa nada” ¡mentira! Que “si es solo un ratico no se alcanza a contagiar” estos y muchos más que seguro has escuchado, son todos tan falsos como los orgasmos de las actrices porno. Uno puede conocer a alguien un poquito pero como dice el dicho: “Más vale prevenir que curar” tú no sabes con quién se acostó y mucho menos como lo hicieron y de ahí una cadena de todos los que se acostaron con cada uno de ellos y etcétera, etcétera… Es un acto inteligente ser precavido en la vida.

La ignorancia es una condición que afecta a muchos y hace cometer errores fáciles de evitar, tener sexo sin condón conociendo todos los riesgos que esto acarrea a parte del VIH/SIDA, es prueba de padecer una fuerte “ignoranciesitis”.

No solo es el VIH/SIDA, está el herpes, la sífilis, la gonorrea y muchas otras infecciones y virus que se transmiten por medio del sexo, que tanto disfrutamos y nos encanta ver que nuestras parejas disfruten, pero es un acto estúpido e irresponsable hacerlo sin condón, conociendo todo lo que el mercado de enfermedades se nos ofrece para tirar a la basura nuestra vida en un segundo.

Después de la abstinencia – osea, cero sexo – el condón se ubica en el segundo lugar para evitar todo tipo de ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual), esto quiere decir que es una buena (si no la mejor) opción para evitar jodernos. Hay que proyectarse hacia el futuro y decidir qué queremos para que de eso dependan nuestras acciones del presente, una buena decisión por lo menos hablando de sexo es tener siempre un condón Mystic, que evitará nuestro sufrimiento en un futuro, por un error que resulta siendo bastante estúpido y tristemente común.

Una noche de Halloween, estaba particularmente fría y la ciudad muy sola. – No parece Halloween muchachos- le dije a mis tres parceros, Jimmy, El gordo y Ángel, que iban esa noche conmigo en busca de conejitas, princesas, diablitas, gatitas y enfermeras que estuvieran dispuestas a jugar.

Abrí la puerta de la casa, sentí frío y el barrio desértico realmente asustaba, pero aun así, levanté mi mano derecha tirándola hacia adelante –Muchachos, nos fuimos- Todos con cara de pereza y a rastras se pararon del sofá y salimos.

¡Atravesamos toda la ciudad de norte a sur en 15 minutos! Claramente estaba vacía y el chofer tenía cierto afán, creía que era la Nascar. Seguimos sin preocuparnos por nada, al final lo importante era la fiesta de Camila López, tradicional descontrol de Halloween cada año…

Pues llegamos, nos bajamos del taxi,  toqué el timbre y cuál si fuera una secta me respondieron – ¿Tiene la clave? – Yo quedé en blanco – No tengo la clave pero Camila me invitó – Respondí, luego le dije mi nombre e inmediatamente nos abrió el portón, no se veían muchas personas en tan esperada fiesta, muy raro…

– Nada de nervios – Nos dijo el niche que nos abrió la puerta – Sigan al patio de la piscina – Y ni cortos ni perezosos, con ganas de fiesta entramos, parecía el edén – Gracias Dios por los colegios femeninos – Empezamos el respectivo escaneo para hacer el top 10, realmente estaba reñido.

– ¡Muchachos! Miren esa belleza – Una chica hermosa, piernas contorneadas y tonificadas, cintura de supermodelo, un rostro traído del cielo, era angelical, unas nalgas que ni con siliconas quedarían tan perfectas y disfrazada de angelita, está estipulado en la Ley 485 de 1993 que las que se disfrazan de angelita, son las más malvadas, la quiero para mí.

Pero como Dios le da pan al que no tiene dientes, ella estaba lela mirando al Gordo, coqueteándole. Lo acepto, tenía rabia y celos de este desgraciado que me ganó el partido por W, pero un guerrero no se rinde en la primera batalla perdida – Gordo, disfrútela por mí y no la vaya a cagar con ella pues huevón – le dije.

Luego de un rato una hermosa diablita que movía la cola como una diosa se paró frente a nosotros, la manera como agarraba el tridente solo me hacía pensar en sexo, estaba idiotizado mirándole las nalgas y obviamente se dio cuenta que este Superman estaba usando la visión de rayos X, pues no le incomodó, soltó una pícara mirada que me hizo desnudarla en mi mente, se volteó y comenzó a moverse de la manera más sensual que pudo, no me aguanté y fui donde ella.

Caminando despacio me le acerco por la espalda y le pongo la mano en su hombro izquierdo como indicándole que gire para que comience a bailar conmigo –Mucho gusto diablita- le digo mientras le cojo la mano y le doy un beso muy cerca de la boca, ella sonríe y me dice su nombre al oído de manera muy sensual –Todo es perfecto- Hay que seguir jugando.

Mientras bailábamos, empezamos a acercarnos, a tocarnos. Mi mano acariciaba su espalda con mucha fuerza y comencé a bajarla, empecé a tocarle las nalgas, que con ese short era casi como tocarla desnuda, estaba excitado y era obvio que ella también, me apretaba muy fuerte, podía sentir el calor en su cuerpo y el deseo. La alejé un poco, la mire y sus ojos entrecerrados y su boca medio abierta me contaban una historia innombrable de excitación, no lo pensé dos veces y le di tremendo beso, nos estábamos devorando vivos en medio de la gente.

Estábamos muy calientes, el frio de la noche solo aumentaba el deseo, la soledad de la ciudad se hizo multitud solo con ella –Estoy muy mojada- me dijo al oído, pude sentir su aliento deslizándose por mi cuello y sus palabras poniendo a hervir mi imaginación. Solo pude responder con otro beso y la seguí estrujando entre mis brazos.

Superman tenía las cartas sobre la mesa y no sabía que jugada hacer con ellas, que situación tan amarga. Ella tomó la iniciativa, me agarró la mano y sin decir nada más me guió hacia la entrada a la sala de la casa, subimos unas escaleras que estaban totalmente oscuras y llegamos a una habitación, la casa estaba completamente sola, todo era perfecto para lo que deseábamos.

La furia se desató, la diablita se tomó enserio su personaje y comenzamos a besarnos y a tocarnos como si no hubiera mañana. Comencé a quitarle el disfraz, prácticamente se lo arranqué, besé cada centímetro de su cuerpo, ella repitió los pasos conmigo. No aguantaba más. Pensé en algo que incluso el hombre de acero necesita – Nooooo, no tengo condón- le dije y ella respondió que ella tampoco tenía uno –Hagámoslo así, no importa- me dijo, a lo que respondí negativamente y le dije – Ya vengo, no quiero que tengamos que arrepentirnos de nada- me vestí y fui corriendo donde los ineptos de mis amigos y ninguno tenía un condón, estaba jodido.

Subí nuevamente a la habitación, era un desastre, mi diablita ya no estaba, había dejado un incendio que sabría Dios como podría apagar.

Pues se apagó solo pero me arrepiento de haber sido tan estúpido de no haber llevado un pinche condón, teniendo en cuenta que iba en busca de sexo, fue bueno haber pensado con cabeza fría y hacerme a una buena decisión, incluso el hombre de acero necesita protección y no es necesariamente la criptonita, incluso el hombre de acero necesita la protección de un condón.

Hasta el día de hoy a duras penas recuerdo el nombre de esa diabla que me hizo volar el termostato, estoy seguro de que ella tampoco se ha olvidado de lo que pasó esa noche y de lo que la hice sentir con mi súper fuerza, estoy seguro de que lastimosamente no volveré a saber de ella, cada vez que hablo de sexo la recuerdo, me perdí un polvo por no tener condón, pero el hombre de acero se salvó de perder mucho más, si lo hubiera hecho sin condón.

Y volvió el frío…